Vista general
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Categoría: Rehabilitación, Equipamiento, Arquitectura

04 /05/2015

JORDI BADÍA + JORDI FRAMIS +BAAS ARQUITECTES. MUSEO CAN FRAMIS . 2009 Can Framis, Distrito 22@ , Poble Nou, Barcelona. España. 2009.


JORDI BADÍA + JORDI FRAMIS +BAAS ARQUITECTES.   MUSEO CAN FRAMIS .  2009

Can Framis, Distrito 22@ , Poble Nou, Barcelona. España. 2009.


Equipo:  Daniel Guerra, Marta Vitório, Mercè Mundet, Miguel Borrell, Moisés Garcia

 

 

Igual que la vida, que se abre paso incluso en los ambientes más increíbles, el arte puede encontrar nuevos significados o ver sublimada su belleza en entornos aparentemente hostiles como los industriales. Sólo hay que pensar en la Tate Modern de Londres o el Caixa Fórum de Madrid. El museo barcelonés Can Framis, ubicado en el uber-tecnológico barrio 22@, también es buena muestra de ello. Levantado en 2009,  ha recibido entre otros  el premio de arquitectura Ciutat de Barcelona, galardón que reconoce a los mejores inmuebles construidos en la capital catalana .

 

El Can Framis “ha creado un espacio público íntimo en un contexto urbano desmembrado y en transformación”, en palabras del jurado compuesto por Carme Pinós, Zaida Muxí, Daniel Giralt-Miracle, Oriol Pibernat y Mónica Gili. Por eso y por desarrollar “una acertada articulación entre lo viejo y lo nuevo sin caer en tópicos restauracionistas” ha recibido el reconocimiento de modo unánime.

 

 

A la hora de plantearse la rehabilitación de las naves industriales el estudio BAAS, del arquitecto Jordi Badia, optó por una solución homogeneizadora que diera sentido al recinto, compuesto por dos naves industriales. De este modo se construyó un nuevo edificio que comunica los otros dos existentes y se optó por la sincera brutalidad del hormigón como elemento de cohesión. La dialéctica que se establece entre los componentes primitivos y aquellos provenientes de la reforma es una de las más destacables características del centro.

 

 

La historia de la fábrica de Can Framis tiene mucho que ver con la evolución de la burguesía industrial barcelonesa durante el siglo XIX. El edificio nunca fue un canto a la arquitectura. Al igual que ocurría con muchas de las edificaciones fabriles del Poble Nou, lo que se consideraba más importante a la hora de proyectarlas era su funcionalidad y no los aspectos estéticos.

 

Joan Framis, propietario de la fábrica, fue uno de los primeros empresarios en trasladar sus instalaciones a esta zona de Sant Martí que acabaría convertida en uno de los más destacados polos de la industria textil catalana. El complejo industrial amplió sus usos durante el siglo XX llegando a dejar de lado la producción textil para dedicar el espacio a otros sectores como el mecánico y el metalúrgico.

 

Inicialmente el plan urbanístico pretendía construir un nuevo edificio, derribando el conjunto existente, sin embargo gracias a la presión vecinal para conservar el conjunto industrial el Ayuntamiento decidió conservar las naves existentes, ya que formaban parte de la memoria histórica del Poble Nou al ser una de las primeras fábricas en instalarse allí.

 

Se sitúa en el uber-tecnológico del 22@, en el barrio de Poble Nou, una de las zonas de Barcelona que está sufriendo mayores transformaciones, cambiando la industria del pasado por la innovación del presente. Se trata de un entorno de carácter terciario, tecnológico, de alta densidad y construcción en altura.

 

A lo largo del siglo XIX  los terrenos agrícolas que se situaban al norte de Barcelona fueron objeto de un gran cambio debido a la revolución industrial, dicha zona, conocida hoy en día como el barrio de Poble Nou, llego a ser tan importante que era llamada popularmente como la “Manchester catalana”. El complejo industrial de Can Framis fue uno de los primeros en instalarse allí, por aquel entonces ocupaba la superficie equivalente a cuatro manzanas del Eixample y estaba formado por varios edificios. Años después cuando se trazó la trama Cerdà, dicho complejo industrial pasó a una cota inferior, debido a la nueva rasante de dicho plan, quedando hundido y sesgado respecto de sus calles colindantes.

 

La gran transformación urbanística ha hecho desaparecer gran parte del patrimonio industrial de Poble Nou, el conjunto de Can Framis no salió impune de dicha transformación ya que perdió buena parte de su extensión, tan sólo dos edificios y la chimenea se salvaron.

 

La geometría del solar, sesgado y hundido, configuran un espacio recogido alrededor del conjunto, este hecho permitió generar una transición entre el “caos urbanístico” y el “apacible desasosiego” que transmite el conjunto del museo, consiguiendo aislarlo de su contexto urbano y convirtiéndose en un “oasis de silencio y tranquilidad”. Estos espacios también sirven para absorber los distintos niveles que se generan a lo largo de la manzana, resueltos con taludes en los que un manto de hiedra los cubre y la vegetación invade el camino, se consigue crear un espacio público de respiro, melancólico, filtro de la velocidad y del tiempo que contrasta con su entorno.

 

El conjunto ocupa una superficie de aproximadamente seis mil metros cuadrados, de los cuales 3.400 están destinados a exposición, y 400 a oficinas, almacén y talleres educativos, dedicados a la multiplicidad de tendencias artísticas que integran las obras del fondo.

 

Se inauguró en abril de 2009 como Museo de Pintura Contemporánea, pertenece a la Fundació Vila Casas. El  Museo cuenta con unas 300 obras, las cuales datan desde la década de los 60 hasta la actualidad, dichas obras pretenden promocionar el arte contemporáneo catalán ya que pertenecen a artistas nacidos o residentes en Cataluña. Se emplaza en el barrio del Poble Nou, concretamente en la zona del 22@, conocida por sus grandes transformaciones urbanísticas.

 

Dos son las estrategias principales que configuran esta rehabilitación, la primera dar cohesión y unidad al conjunto de las dos naves existentes, y la segunda construir un nuevo volumen capaz de conectar las dos naves para permitir un recorrido expositivo continuo, coincidiendo éste con el trazado de una antigua nave.

 

Los dos edificios existentes, unidos transversalmente por el nuevo volumen, configuran un patio cuadrilátero en planta, en el que en uno de sus lados queda totalmente libre, únicamente una marquesina se encarga de cerrar dicho espacio a través de una reja formada por grandes cadenas. El patio, que se hunde unos tres metros respecto a la cota de la calle, ocupa el centro de la manzana y se establece como espacio vestibular exterior de acceso al museo y contenedor de actividades polivalentes.

 

El museo se manifiesta mediante materiales elementales, preexistencias, volúmenes puros y despojados, … Absolutamente contradictorio con muchos de los edificios emblemáticos que lo rodean.  Como elemento de cohesión de todo el conjunto se optó por la sincera brutalidad del hormigón basto. Prácticamente todas las intervenciones giran entorno a este material para lograr dotar de unidad al conjunto, estableciendo así una dialéctica entre lo preexistente y lo nuevo.

 

En las fachadas de las naves rehabilitadas una capa de mortero de cal cohesiona la fábrica de ladrillo existente y una capa de pintura gris actúa como protección de los muros haciendo visible la textura de los elementos constructivos que la forman y las cicatrices cauterizadas en ellos, ladrillos, arcos, piedras, huecos, antiguas ventanas o puertas tapiadas forman un collage que refleja lo que un día fue y las intervenciones que han podido sucederse en el tiempo.

 

Cabe destacar la aparición de la madera en momentos puntuales como referencia a los bastidores de las telas, aparece pues en la escalera, en ventanas, en las mamparas divisorias que soportan las pinturas y en los espacios de articulación entre las naves existentes y el nuevo volumen. Es en estos espacios y en las escaleras donde el equipo BAAS ha dado mayor protagonismo arquitectónico interior, por tratarse de un museo no quisieron competir con las obras expuestas, así que lo hicieron en espacios de transición. Los puntos de unión entre las diferentes naves siempre se realizan mediante la ausencia de materia, en ningún momento los pesados muros de fábrica ladrillo u hormigón se tocan, se establece un vínculo más ligero que pasa a ser un plano de vidrio, de esta manera se hacen más evidentes las dos naves preexistentes.

 

Las naves rehabilitadas conservan su estructura original, se trata de muros de fábrica de ladrillo, reforzada en algunos puntos. Dicha estructura se encuentra únicamente en fachada, formando una única crujía, hecho que permite crear plantas totalmente diáfanas en las que el programa expositivo se configura libremente. La existencia de una doble piel interior, un trasdosado de yeso, es la que acompaña el recorrido a lo largo de las naves existentes, contiene las instalaciones y dispone el espacio para realizar las características aberturas hacia el exterior, de singular profundidad. Sin duda una de las condicionantes de este trasdosado es la de la adecuada climatización del volumen.

 

El recorrido empieza en los jardines que rodean al museo, una serie de senderos de hormigón con trazados zigzagueantes dan acceso a los distintos puntos del jardín, uno de los cuales conecta con la plaza vestibular exterior, la cual nos da la bienvenida al museo. El plano plegado que encontramos en la fachada principal del gran patio articulador del proyecto, acentúa, como punto de inflexión en el gran plano de vidrio que conforma la planta baja, el acceso al nuevo volumen.

 

La visita se inicia en la cota más alta. El recorrido es continuo y atraviesa todos los espacios expositivos, y su tipología espacial es como la de cualquier espacio museístico, salas amplias, austeridad formal y el uso predominante del color blanco. Aunque se trata de un espacio museístico en el que la luz natural no debe estar presente ya que puede deteriorar las obras de arte, en momentos puntuales se abren rendijas de luz que iluminan determinadas áreas y armonizan la contemplación de dichas obras.

 

Es en los espacios de transición, tanto de un volumen a otro, como en los cambios de cota y núcleos verticales, dónde la luz cobra mayor importancia, siendo éstos los lugares más propicios a ello, debido a lo íntimo del programa, recluido en la penumbra y la contemplación mediante luz artificial. Un buen ejemplo de ello es una de las escaleras que conforman el testero de una de las naves, dónde encontramos un fuerte contraste con el resto del recorrido, un espacio con un carácter muy distinto en el que el hormigón aparece como elemento principal y queda iluminado mediante un gran lucernario y un par de huecos en fachada. Es la luz la principal protagonista del espacio, otorgando un plano de naturaleza abstracta gracias a la ausencia vertical de materia. Es gracias al uso del hormigón como material pesado que la luz adquiere una cualidad ingrávida.

“Can Framis es un momento de silencio en medio de todo este ruido”

Jordi Badia

 

Fuentes:   Vanitatis. El Confidencial:  Jacobo Corujeira

                   GRC Studio:  Samuel Ramírez y Verónica Correa

 

 

 

Jordi Badia
Jordi Badia
Ayer y hoy
Ayer y hoy
Plano de planta
Plano de planta
Detalle de fachada
Detalle de fachada
Patio de acceso
Patio de acceso
Interior nave
Interior nave
Detalle de fachada
Detalle de fachada
Nave rehabilitada
Nave rehabilitada