Punta Masullo. Capri
Punta Masullo. Capri

Acreditada como una de las casas más representativas e icónicas de la arquitectura contemporánea, de identificación inmediata por su ubicación, colgada del acantilado de Punta Masullo, en Capri, la casa Malaparte responde a las inquietudes y anhelos de su característico propietario, el escritor Curzio Malaparte.


Dejada en herencia a la República Popular China, permaneció abandonada durante años, hasta su recuperación por la familia del escritor y su rehabilitación en 1990.

El arquitecto Robert Venturi se preguntó al visitarla ¿Estas escaleras llevan al infinito?

El escritor participó activamente en su proyecto y construcción, hasta el punto de llegar a afirmar que él fue el diseñador de la misma. No obstante, parece demasiado aventurado conceder la autoría de la vivienda a Malaparte en exclusiva, ya que los rasgos identificativos de la arquitectura de Adalberto Libera, conocido representante del movimiento moderno italiano, son evidentes en la casa de Capri.

Es importante antes de abordar la obra conocer a su propietario, en una casa tan íntimamente ligada él. Curzio Malaparte (1898-1957) parece ser de ese tipo de escritores encargados de irritar a todo el mundo, de manera especial al poder establecido. Hijo de padre alemán, su nombre real era Kurt Erich Suckert, firmaría sus obras como Malaparte (“De mal lugar”) en un juego de palabras con Buonaparte.  Reconocido fascista en su juventud y cercano al régimen de Mussolini (participó incluso en la marcha sobre Roma, con la que accedió éste al poder, en 1922), con su obra “Técnica del golpe de Estado” (1931) critica duramente a Hitler y al propio Mussolini, lo que le supone la expulsión del Partido Nacional Fascista y ser enviado al exilio en la isla de Lipari, de 1933 a 1938. En esta pequeña isla situada al norte de Sicilia, el acceso a la iglesia de L’Annunziata a través de una monumental escalinata parece ofrecernos el primer referente directo de la casa de Capri. Liberado por su amigo Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, es enviado como corresponsal de guerra del Corriere della Sera al frente en Rusia y Finlandia. Sus artículos y escritos le suponen pasar varias veces por la infame prisión de Regina Coeli en Roma. Es en esta época cuando se construye su casa en Capri.

En su libro más importante, La Piel (1949), con tintes autobiográficos, Malaparte admite que esta época de encierro marca su vida para siempre:

“Hoy más que nunca  siento que la celda N. 461 del 4º Braccio de Regina Coeli se ha quedado dentro de mí, se ha transformado secretamente en la forma de mi espíritu. Hoy más que nunca me siento ‘como un pájaro que se ha tragado su propia jaula’. Llevo la celda conmigo, dentro de mí, como una mujer embarazada lleva a su hijo en el vientre […] Hoy vivo en una isla, en una casa triste, dura y severa sobre el mar: una casa que es el fantasma, la imagen secreta de la prisión. La imagen de mi nostalgia.”

 

La guerra marca su obra literaria, estando sus artículos y escritos caracterizados por una tendencia a presentar la guerra desde el punto de vista de quienes estaban condenados a perderla. Sus dos libros más importantes, Kaputt y La Piel, son descripciones noveladas de la guerra, con diversos escenarios y demostrando una vez más su habilidad para la crítica y el hacer sentir incómodo al poder establecido. La piel se incorporó al Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia.

Una vez terminada la guerra, Malaparte vira abiertamente hacia la izquierda y se convierte en miembro del Partido Comunista Italiano. Se muda posteriormente a París, donde escribe obras de teatro y dirige una película. En los últimos años de su vida abraza el maoísmo y realiza un viaje a China, que se refleja en su libro “Yo en Rusia y en China”.

Curzio Malaparte marcado profundamente por la guerra, de la que fue partícipe en la Primera Guerra Mundial y corresponsal en la Segunda, y cuya influencia aparecerá reflejada en el mundo interno de la casa Malaparte, concebido a modo de “búnker”, comienza el diseño de su casa en 1938. Enamorado de Capri, tras ser invitado por el escritor sueco Axel Munthe a su villa en la isla, obtiene el terreno y la autorización para su vivienda por mediación de nuevo de su amigo Galeazzo Ciano. En diversos escritos de Malaparte, defiende su intención de preservar el estilo monumental y propio de las villas tradicionales de Capri, sencillo y puro frente a la invasión de un nuevo estilo ecléctico y que no tiene en cuenta el lugar donde se asienta, introducido por las corrientes extranjeras en el siglo XIX en la isla.

Aunque no parece prudente entrar en la histórica discusión sobre la autoría de la casa, sí queda claro que hubo discusiones entre Libera y Malaparte, incluso parece ser que el arquitecto abandonó la obra y se desentendió de la casa, terminándola el propio Malaparte con un albañil local del que ha trascendido su nombre, Adolfo Amitrano. Pero se reconoce en el resultado el trazo racionalista de Libera, y por los escritos podemos asegurar que suya es la forma alargada de la casa, adaptándose a la roca sobre la que se asienta, aunque parece que su concepción de la vivienda era más “dura” y planteaba un volumen rectangular limpio. La escalinata parece una inclusión posterior de Malaparte, influido por la de la Iglesia de Lipari y obsesionado por la búsqueda de monumentalidad propia de las villas de los emperadores de Capri.

En la casa Malaparte se observa de modo instantáneo la existencia de dos mundos muy diferenciados. No podemos hablar de continuidad exterior-interior ya que pertenecen a ámbitos distintos. Por un lado la monumentalidad de la vivienda en su concepción externa; el objeto único construye una imagen elocuente e irrepetible en el sitio, refiriéndonos directamente al genius loci romano. La monumental escalinata, en su búsqueda por adaptarse al terreno y tomando de manera inmediata la imagen del teatro clásico, nos remite a un recorrido ritual, alejando la plataforma de la cubierta solarium con la hábil operación de ensanche.

“Un lugar, claramente, sólo para hombres fuertes, para espíritus libres.”

Así entendido, sería este solarium el final del recorrido ritual, una plano sobre el mar dónde se encuentran todos los elementos de la naturaleza, invitándonos a formar parte de la misma, idea reforzada por la ausencia de barandilla o protección y únicamente con la “vela” blanca como recuerdo de que seguimos estando en tierra, separados del mar que nos ha llevado allí, partícipes del naufragio que ha dejado este barco colgado del acantilado. Este gesto o “vela” en la cubierta nos remite también a las velae que a modo de protección frente al sol se utilizaba en los teatros de la Grecia clásica, reforzando la idea de la escalinata-grada.

El mundo interior es bien distinto y habla de hermetismo, de un refugio destinado a la escritura con un control de las visuales exteriores, siempre en los ejes transversales,  un sitio protegido desde el cual presenciar de manera controlada la naturaleza, en contraposición con la inmersión en la misma del mundo exterior. Para reforzar la división entre los dos mundos, incluso la entrada es difícil de encontrar y se confunde con las ventanas. Este interior, relacionado con el ámbito doméstico, y que tiene una estrecha relación con la manera de habitar y de relacionarse de Curzio Malaparte, nos habla de su propio mundo interior, de su necesidad de un refugio, de un búnker, de la guerra…

Las plantas de acceso e inferior son puramente domesticas, sin concesiones estéticas ni relación alguna con el exterior mas que para observarlo. Solo en la segunda planta, justo bajo la cubierta solarium encontramos un espacio intermedio entre los dos mundos. Con una geometría muy estricta se divide la totalidad de la planta en dos mitades exactas, dejando en una parte el gran estar pavimentado con piedra que nos habla de esa continuidad con el exterior a la vez que cuatro grandes ventanales nos ofrecen las visuales de los acantilados, siempre remarcando ese carácter de espectador de la naturaleza y poniendo en escena los conocidos Fariglioni de Capri; una amplia chimenea nos indica el carácter publico-privado de la estancia. Sin solución de continuidad una puerta nos ofrece el acceso a dos habitaciones en la zona conocida como el “apartamento Malaparte”. Completa el eje el estudio del escritor, al que se accede por una de las habitaciones, y que presenta la única ventana en el eje longitudinal de la casa.

El recorrido ha finalizado. No hay salida. Un desasosiego invade al visitante, la casa es únicamente propiedad de su dueño, y de su mundo interior nos habla, incomprensible para el resto la abandonamos regresando por donde hemos venido y nos volvemos a contemplar por un último instante al barco rojo varado sobre el acantilado y nos invade la necesidad de volver a ascender lentamente la escalinata hasta la cubierta sagrada que nos sumerge en la naturaleza mientras a nuestros pies nos reclama el mar.

FUENTE “Una casa como yo”. Casa Malaparte.  Posted by G+A arquitectura on 03/01/2013 ·

 

 

 

Curzio Malaparte y Adalberto Libera
Curzio Malaparte y Adalberto Libera
Planos
Planos
Vista aérea
Vista aérea
La escalera monumental
La escalera monumental
Curzio Malaparte en la isla de Lípari
Curzio Malaparte en la isla de Lípari
La casa sobre el acantilado
La casa sobre el acantilado
Vista desde el interior
Vista desde el interior
La cubierta y la vela blanca
La cubierta y la vela blanca