Arquitectura
Mediterránea

Villas mediterráneas: arquitectura de costumbres, tradición y sabor a mar

Más de veinte países y hasta tres continentes distintos se bañan con las olas del mar Mediterráneo. Regiones y países que, si bien comparten clima y unas condiciones orográficas comunes, han desarrollado culturas, costumbres y modos de vida de tan diversa índole que han condicionado en gran medida el devenir de la arquitectura.

Arquitectura adaptada a la vida de las personas que se extiende hasta nuestros días, mostrando características diferenciales según el país mediterráneo que recorramos. El modo de vida, la profesión, y las influencias históricas quedan imprimidas en los muros y techos de las villas mediterráneas, mostrando todas ellas una esencialidad práctica y una esplendorosa frescura y vitalidad.

 
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"La casa que quiero que el mar la vea y unos árboles con frutos que me la festejen..."

Joan Salvat-Papasseit

Soluciones y Espacios

Hay quien dice que el estilo mediterráneo se remonta a la Edad Media, pero lo cierto es que sus soluciones constructivas bien pueden trasladarnos a a la mismísima Antigüedad.

Aprovechar el espacio del que se dispone, así como defenderse del sol abrasador, son características comunes que han marcado la arquitectura mediterránea en todas sus vertientes e influencias, viviendas extensas para familias extensas que aún hoy marcan el carácter de las villas contemporáneas.

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Aunque posteriormente detallaremos con más exhaustividad cuáles son las principales diferencias de cada estilo mediterráneo según zona geográfica, en nuestro estudio de arquitectura sanahuja&partners nos inspiramos en la arquitectura de villas mediterráneas y sus RASGOS COMUNES para dar vida y pura esencia a nuestros proyectos residenciales.

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Esos rasgos son


Aprovechamiento de los recursos autóctonos.

Una de las máximas que rigen la naturaleza de la arquitectura mediterránea es el aprovechamiento de las fuentes de materia prima basándose en la proximidad. La riqueza de materiales en este estilo arquitectónico aglutina desde materiales pétreos; a los compuestos de arcilla, como el tapial, el adobe y el ladrillo; o los morteros de cal y argamasa, que adquieren su razón de ser en la misma construcción de la vivienda y en el revestimiento de paredes y muros.

 

Adaptación a la orografía del paisaje.

El estilo mediterráneo respeta el paisaje y se adapta a la orografía del mismo de la forma más eficiente. Se ubique en un terreno irregular o en la misma falda de una montaña, la arquitectura debe integrarse de forma perfecta al entorno y ser siempre respetuosa con él.

Uso de materiales aislantes.

El calor es uno de los grandes enemigos de la arquitectura de zonas próximas al mar Mediterráneo. Por ello, las viviendas suelen basarse en revestimientos blancos o tonalidades claras que reflejen la luz del sol y minimicen la sensación de calor. Por otra parte, se utilizan en construcción materiales de cariz aislante térmico, como puede ser el tapial, estuco o blanco encalado.

Potenciación de los espacios interior y exterior.

En la arquitectura mediterránea el exterior cobra el protagonismo de ser una estancia más de la casa. La vida al exterior cobra un sentido esencial, y por ello, es tan importante la arquitectura paisajística en patios, balcones y terrazas.

Apelación a la autenticidad a través de la conservación de elementos estructurales.

La autenticidad y tributo al origen es característica básica de esta arquitectura. Mediante la rehabilitación de edificios y villas históricas, es posible recuperar y adaptar a la actualidad paredes de piedra vista o vigas y columnas de madera en el techo.

Carácter natural en puertas y ventanas.

El color azul es el color más utilizado en los cierres de las villas mediterráneas combinando de forma impecable con el blanco de la cal impregnada en la estructura. Puertas y ventanas suponen ese toque de color entre el predominante blanco y la madera suele ser el material en el que están fabricadas. El ventanuco en la propia puerta o a su lado sirve para permitir la entrada de luz y también para observar al exterior sin exponerse.

Uso eficiente del agua.

Los antiguos pozos en las villas mediterráneas de la antigüedad vuelven a ser relevantes en las viviendas mediterráneas modernas. Una fuente de agua que, en la mayoría de ocasiones, desemboca en la instalación de una piscina, ejerciendo un uso eficiente de la misma.

Arquitectura mediterránea griega: islas griegas

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Santorini o Mykonos son dos ciudades griegas que bien pueden ilustrar de forma sutil y perfecta la arquitectura griega más puramente mediterránea. Callejuelas estrechas y laberínticas, o escalinatas que parecen salir del propio pavimento, muestran la esencia tradicional de la arquitectura que se adaptaba al entorno y aprovechaba el espacio, marcando el ritmo de las profesiones tradicionales con las que se ganaban la vida los antiguos griegos.

Grecia y sus islas se hallan marcadas por una historia fuertemente arraigada a la mitología, así como a la religión y el culto a los dioses. No es difícil pues encontrar capillas, como tampoco las más pintorescas casas con techos abovedados, fachadas decoradas y arcos.

La arquitectura paisajística o con vegetación es también punto diferencial de sus villas mediterráneas, apostando su decoración a una decoración natural con flores como la buganvilla o el jazmín.

En cuanto a colores, la arquitectura mediterránea griega homenajea la esencia del mar con el contraste blanco y azul y aporta otros toques cromáticos como el amarillo limón, y el magenta o rosa palo, dotando a la arquitectura de una fuerte personalidad y distinción.

Arquitectura mediterránea italiana: la Toscana

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El estilo mediterráneo italiano es, en cambio, más cálido y auténtico, apostando por las texturas en suelos y paredes e integrando tonalidades que oscilan desde los terracota a los oliva u ocres.

La ganadería y la agricultura, siendo tierra de viñedos, marcan el ritmo de la arquitectura tradicional de la Toscana que hoy se traslada hasta nuestros días, materializando las villas mediterráneas contemporáneas.

Cobran gran relevancia los materiales naturales, como la madera o la piedra natural, y se fomentan los patios interiores. Porches y pórticos con parras, jazmines y rosales cobran el protagonismo de ejercer de transición entre el interior y el exterior de las viviendas, y se potencian los balcones y terrazas.

En cuanto a las paredes, se aplican texturas complejas, como combinaciones de varias tonalidades de un mismo color o se aplican frescos o revestimientos en mosaico, así como elegantes azulejos pintados. En los techos, proliferan las vigas de madera a la vista y se apuesta por espacios altos y espaciosos.

Arquitectura mediterránea española: islas Baleares

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En cuanto a la arquitectura mediterránea española, la más habitual, sobre todo, en las costas de las islas baleares, tiene una directa influencia griega, pero con los vestigios de esa cultura árabe que un día ocupó la mayor parte de la Península Ibérica.

Destaca la utilización del color blanco en fachadas e interior y se introducen los materiales naturales por doquier. Como en la arquitectura griega, un material muy utilizado en las viviendas de Ibiza o Formentera es el estuco de yeso blanco, tanto en interiores como en exteriores, así como el blanco encalado. Y es que el objetivo de las viviendas mediterráneas no es sólo potenciar el paso del aire y la iluminación natural, a través de espacios abiertos al exterior, sino también favorecer el aislamiento térmico.

En techos, por otra parte, se fomenta el uso de tejas, y se inserta la naturaleza en los interiores por medio de hojas de palmera o bambú.

En este tipo de arquitectura, por otra parte, la decoración bebe de ese estilo árabe y toque étnico, mostrándose en la estructura interior elementos constructivos como arcos, columnas o revestimientos grabados.

Los jardines, por su parte, cobran un protagonismo esencial, conservando antiguos elementos de la vida cotidiana como los pozos que abastecían de agua a las extensas familias. La vegetación se convierte en autóctona, a través de árboles como el olivo, la palmera o el naranjo.

Espacios de vida al exterior que, si bien marcaban el ritmo de la vida hace siglos, hoy suponen ese ambiente de evasión tan necesario en una villa mediterránea